Cuando contratamos un hosting solemos imaginar un único lugar donde guardamos nuestra web y nuestros correos. Hoy la infraestructura de un dominio puede ser bastante diferente. Y no necesariamente tenemos que ocuparnos de entenderla.
Necesito un hosting
Durante muchos años la situación fue bastante sencilla: Queríamos tener una página web, contratábamos un hosting y allí colocábamos prácticamente todo: los archivos del sitio, las bases de datos, las cuentas de correo electrónico y cualquier otro servicio relacionado con nuestro dominio. Y para muchísimos sitios eso sigue siendo perfectamente válido. Pero Internet cambió, las herramientas cambiaron y también cambiaron las posibilidades que tenemos para organizar nuestra presencia digital. Hoy hostear una web no necesariamente significa poner todo en el mismo servidor.
¿Qué es realmente un hosting?
Sin entrar en cuestiones demasiado técnicas, una página web necesita estar almacenada en una computadora permanentemente conectada a Internet. Cuando alguien escribe nuestro dominio, por ejemplo: www.miempresa.com.ar Internet necesita saber dónde encontrar esa página para poder mostrársela. Tradicionalmente contratamos ese espacio a una empresa de hosting. Hasta ahí, bastante sencillo. El asunto se vuelve más interesante cuando descubrimos que nuestro dominio no tiene por qué llevar todo al mismo lugar.
Una cosa es la web y otra el correo
Supongamos que nuestra empresa tiene el dominio miempresa.com.ar. Podemos decidir alojar su página web en un servidor especialmente preparado para sitios web. Pero quizás preferimos administrar nuestras cuentas de correo utilizando Google Workspace. Entonces una persona entra a: www.miempresa.com.ar y llega hasta nuestro servidor web. Pero cuando escribe un email a ventas@miempresa.com.ar el correo es administrado por la infraestructura de Google.
Para quien utiliza los servicios, todo pertenece a miempresa.com.ar. Por detrás, sin embargo, estamos utilizando infraestructuras completamente diferentes.
Y podemos seguir separando servicios
Quizás además necesitamos un servidor FTP para intercambiar determinados archivos y decidimos alojarlo en otro servidor. O tenemos un sistema de gestión disponible desde: gestion.miempresa.com.ar que funciona en una infraestructura diferente.
Podríamos tener otro subdominio destinado a clientes, proveedores, documentación, copias de seguridad o cualquier servicio que necesitemos publicar.
Incluso podemos tener determinados servicios dentro de nuestra propia empresa y otros completamente en la nube. Todos pueden seguir formando parte del mismo dominio. Desde afuera vemos una sola empresa. Por detrás puede existir toda una arquitectura trabajando para ella.
¿Quién organiza todo esto?
Acá aparece una pieza que para el usuario normalmente resulta invisible. El dominio necesita saber dónde está cada servicio. En Lambda utilizamos diferentes servicios para administrar gran parte de esa organización. Podemos indicarle que la página web se encuentra en determinado servidor, que el correo debe dirigirse hacia Google, que un subdominio funciona en otra infraestructura y que determinado servicio tiene un destino completamente diferente.
También nos permite incorporar diferentes herramientas relacionadas con disponibilidad, rendimiento y seguridad. Pero probablemente haya algo todavía más importante: nuestro cliente no necesita administrar nada de esto.
No todo tiene que estar en el mismo lugar
Esta posibilidad nos permite pensar la infraestructura de otra manera. En lugar de preguntarnos: ¿En qué hosting ponemos todo? podemos preguntarnos: ¿Cuál es el lugar más adecuado para cada servicio?
Quizás para determinado cliente la respuesta siga siendo un único hosting. Perfecto. Pero otro puede necesitar Google Workspace para sus correos, un servidor especialmente preparado para su aplicación, otro espacio para determinados archivos y un sitio web alojado en una infraestructura completamente diferente. No existe una única arquitectura correcta. Existe una arquitectura adecuada para cada necesidad.
El hosting como servicio
Por eso desde Lambda empezamos a pensar el hosting como algo un poco más amplio que alquilar espacio en un servidor. Podemos ocuparnos de analizar qué necesita cada cliente, distribuir los diferentes servicios, configurar su dominio y administrar la infraestructura que existe detrás. Para el usuario debería seguir siendo sencillo.
- Su página funciona.
- Sus correos llegan.
- Sus sistemas están disponibles.
- Sus subdominios llevan al lugar correcto.
Y si mañana aparece una nueva necesidad, podemos incorporarla sin necesariamente tener que mudar todo lo demás.
La tecnología debería estar detrás
Cuando entramos a una página web no pensamos en qué servidor está alojada. Cuando enviamos un correo tampoco necesitamos saber qué infraestructura lo está procesando. Y cuando ingresamos a un sistema desde un subdominio probablemente ni siquiera sepamos si está funcionando en la misma ciudad, en otro país o dentro de la propia empresa. Ni deberíamos necesitar saberlo. De eso se trata administrar infraestructura. Que detrás puedan existir servidores, proveedores, servicios en la nube, DNS y diferentes tecnologías. Pero que delante haya simplemente una empresa utilizando su mundo digital. En Lambda podemos ocuparnos de construir y administrar ese mundo.

